domingo, 23 de diciembre de 2012

PARTE I




Christopher escuchó el sonido del celular: lejano, vaporoso, intangible. Su mente aun seguía en el sueño y la realidad lo atravesó como un rayo molesto y ominoso.

04:29 AM.

Otra vez la llamada.

Otra vez la interrupción.

04:30 AM.

Con desgano se sentó en  la cama, dirigió su mano izquierda al velador y tomó el aparato electrónico.

-       -  Necesito que vengas, urgente! Ha ocurrido algo que llamará tu atención. Dirígete a calle Hazen, esquina de Avenida 20. ¡Ven pronto!

La voz era de Tomás Basnovich, su jefe.  Sabía que de no ser algo imperioso no hubiera interrumpido su descanso, y habría recurrido sin más a otro. ¡Había tantos idiotas en el Departamento Policial de la ciudad que podían realizar el trabajo! Pero, no. Debía haber un motivo que justificara su asistencia. Además, Tom había dicho en tono misterioso la frase “algo que llamará tu atención”…

No lo pensó dos veces y con gran rapidez se puso la ropa que estaba más cerca. Aunque arrugada -¡que más daba en la noche!-, sabía que no iba precisamente a una gala, una entrevista de trabajo o una graduación.

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Había bastante personal. Más que el de costumbre. Pero la policía no estaba tan cerca del lugar como lo hacían los detectives. Esto solía ocurrir. Había cierto roce entre ambas policías; y en casos como éste eran los detectives los que usaban todo el poder para apropiarse el protagonismo.

Allí estaba Tom.

-         Bien, bien, ya estás aquí. Siento haber interrumpido tus ronquidos, pero… Mira, anda en esa dirección y entenderás el porqué de mi llamada.

Lo primero que pudo divisar fue un charco de sangre; aunque el color era más oscuro que lo normal… Eso ya lo sorprendió.

Caminó.

Y luego vio algo que no podría borrar de sus recuerdos.

Yacía en el pavimento un ser imposible: enorme y en algo semejante a los humanos, pero que irradiaba una malignidad única, arcaica, animal.

Instintivamente retrocedió, pero luego al avanzar hacia la creatura, y voltear el sucio rostro se dio cuenta que en el lugar donde deberían estar los ojos, las cuencas se hallaban simplemente vacías.

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Era niño cuando por primera vez los vio. Estaba en el jardín de la casa. Jugaba con un chanchitos de tierra, protegido del calor estival. Habrá tenido siete años.

De improviso un ruido en el follaje.

Las hojas se movieron. Sintió miedo. El corazón se aceleró. No debería existir ese movimiento de hojas… No tenía mascota (perro, gato, etc.) como para buscar la justificación de dicho estremecimiento en el verdor.

Y lo que allí había se estaba acercando…

Dejó los chanchitos de tierra y se preparó para huir. Antes que lo hiciera vio a un ser inmenso semejante a la figura de Satanás que había visto en la iglesia, y que era atrapado por el arcángel Miguel.

Alcanzó a ver unos ojos púrpuras, tan púrpuras que la huida se aceleró.

Sin estar anunciado en la prensa el evento climatológico, el día se nubló. Como la infancia de Christopher.

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Los padres están en la salita de recepción, esperando que aparezca Christopher.

Acerquémonos. El padre está tenso, su mirada se dirige a un punto de la alfombra. La madre anhela fumar, y el reprimirse la angustia.

La situación los preocupa.

Desde hace varios días el niño dice que sueña con un ser gigantesco que lo atormenta. Es más, incluso dice haberlo visto. Esto le ha provocado una serie de problemas, como por ejemplo el no desear salir al patio o fuera de su pieza. En las noches duerme con la luz prendida. Incluso su relación con los padres es distinta; ahora se presenta esquiva. Si era un niño conversador, curioso; hoy es retraído. Además, ¡esos dibujos! No pueden ser  propios de un menor. En cambio, son francamente horribles, dado que muestran unos ojos rojos cargados de maldad, en un rostro verde y con cuernos.

El niño no es alguien que vea mucha TV ni que sea en exceso imaginativo. De allí que el punto sea aun más curioso y la solución apremiante.

Por esto Mamá y Papá están aquí. Esperando.

Alguien les recomendó concurrir donde la psicóloga infantil. Dejaron el trabajo de lado por unas horas; y ahora esperan.

Y el niño sale.

Luego, la profesional les pide a los padres que ingresen a su oficina. Mientras, Christopher deberá esperar con la secretaria.

En resumidas cuentas la psicóloga les comunica que todo es mera fantasía del niño, quien habría cambiado de conductas solo para llamar la atención. Que es típico de los menores imaginar ciertas cosas. Que posiblemente el ser hijo único explique estas conductas.

Bla. Bla. Bla.

Aun cuando los padres dicen estar tranquilos con el esbozo psicológico dado por la especialista, un halo extraño los acompaña. Algo les dice que la verdad no es tan simple.

Afuera, un pájaro emite un graznido agónico. Dos niños le habían arrojado agua caliente desde las alturas de un departamento.


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Jennifer es la única mujer durante años que ha podido captar de una manera tan fuerte la atención de Christopher. Ha habido chicas bellas, cuerpos tentadores; pero, eso no basta para Christopher. Y no es porque sea un moralista o un mojigato. No. Nada de eso. Simplemente, se aburre pronto con el placer físico SINO va acompañado de una interesante conversación, de una mirada insinuante, de un rostro inteligente, de una voz pausada, de alguien que como él ame el arte, etc.

Allí está la pelirroja frente a la mesa de trabajo. Se encuentra llena de papeles, que contienen en su mayoría fotografías de crímenes. Una mujer común no sería capaz de contemplar tanto cuerpo desmembrado, tantos cerebros desparramados, tanto líquido rojo que esparcido en el suelo. Una mujer común no soportaría estar tan cerca de la violencia y la muerte sin querer dejar de ver esa realidad.

Convengámoslo: Jenny no es común. Pero tampoco se piense que es morbosa, cínica o amante de lo brutal. No es una “chica gótica” ni una amante de las películas de zombie o del cine gore. Solo quiere hacer bien su trabajo, y llegar a conclusiones satisfactorias. Sí, eso. Pues la criminalística es desentrañar cómo y porqué se hizo un delito grave. Es poner bien las piezas de un puzle.

La muchacha viste una falda negra y una camisa blanca de lino. Las medias son caladas. Zapatos también oscuros. El pelo está algo desordenado, pero bellamente desordenado. Los labios son rojos y contrastan sensualmente en un rostro níveo. Tiene una mano sobre las caderas y la otra cerca de los labios, en actitud contemplativa. Imposible no mirarla. Imposible no dejarse llevar.

Ella se da cuenta que alguien la observa…

-¿Sí? ¿Me querías decir algo, Christopher?

La voz es suave, como la caída de las hojas en un día de fin de otoño.

Christopher, sorprendido, no sabe que decir. Simplemente quisiera seguir mirando al objeto de su ensueño; pero debe decir algo rápido, para no quedar como idiota.

- Sí, sí… Es algo referido al caso “Cuernos muerto”- así llaman los policías al caso del ser verde muerto encontrado en la calle Hazen.

Ella lo mira con una especie de paciencia que recuerda lo maternal. Lo invita a acercarse.

- Sí, puedes decirme…

- Quisiera contarte algo – la voz es un tanto trémula-. Es bastante personal, pero créeme que tiene relación con este misterioso caso. No sé… Tal vez a la salida de la oficina podríamos tomar un café y conversar. ¿Qué piensas?

En ocasiones como ésta, una sonrisa es suficiente señal de aceptación. Pero para más certeza le dice que sí, que no hay problema; es más, agrega con cierta coquetería,  que sería bueno conversar.

Christopher no puede creerlo.

Es curioso –pensó- darse cuenta que hechos en principio negativos, como la misteriosa muerte del ser de la calle Hazen,  pueden abrir puertas.

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En un lugar del Mundo Interior hay una reunión donde se encuentran los más importantes dignatarios zeneks. Hombres con finas capas de avardilio, sacerdotes con el Gran Signo Amarillo, Príncipes con sus típicas togas esmeraldas.

Es un grupo que no se había reunido en a lo menos trescientos años. La última vez el motivo fue la intromisión de unos mineros en Tierra Sacra Ahumarí. Aun cuando aquélla no había sido intencional, vieron demasiado, por lo cual se debió recurrir a un mecanismo de hipnosis que  a los mineros les borró de la mente sus últimos días. Cuando fueron dejados en el Mundo Exterior y encontrados por sus familiares había pasado una semana. El misterio se olvidó pronto, salvo por sus mujeres y sus hijos.

Pero, ahora el asunto podía ser más grave. Los malditos zunevs estaban buscando alimento en el Mundo Exterior. Esto podría generar grandes metamorfosis e incluso llegar a alterar el Orden que creó el Maestro Zenekbayán hace millones de años.

Sin duda, aunque esto fuera extraño no era del todo nuevo. Y alrededor de una vez por siglo se sabía de un caso de zunev que había querido subir al mundo de los hombres. Había, eso sí, algo novedoso: ahora eran verdaderos grupos de zunevs los que estaban iniciando un avance, que incluía tanto aldeas como grandes ciudades.

Lo anterior debería traer efectos perniciosos. Por un lado, la población humana se vería alterada en su pseudo-certeza-existencial, y en ciertas zonas como villorrios y pueblos pequeños aquélla podía disminuir rápidamente. Por otro, los humanos más capaces podrían darse cuenta que la guarida de los zunevs es el Mundo Interior, lo que desembocaría una invasión no sólo a éstos sino a los zeneks.

Durante mucho tiempo se había logrado resguardar el Mundo Interior de la visita de extraños. Las pocas veces que se había hecho comunicación, era solo porque los zeneks lo estimaban, y ello en casos muy específicos. Era esta la razón por la cual en territorio del Tíbet y Mongolia habían surgido leyendas como la del Rey del Mundo, Aggharta, Shamballah, etc. Un intercambio de información siempre era deseable, sobretodo para mostrar a los humanos la necesidad de una senda espiritual, pero ello solo con la elite del Mundo Exterior. La gente común se alarmaría al tomar conocimiento que  bajo sus “seguras” ciudades había un sistema tecnológico mucho más grande, con vías que comunicaban de un continente a otro, con energías desconocidas para los hombres incluso más poderosas que la bomba atómica, y lo más importante: el secreto de la inmortalidad. O en verdad, “inmortalidad relativa”, pues los zeneks sí podían morir, pero no por causas relacionadas con el desgaste de los órganos físicos a través de los años o enfermedades, sino únicamente por vías que implicaran la separación de las partes del cuerpo (mutilaciones, decapitaciones, etc.) o deterioro gravísimo del órgano vital causado por agente exterior. El caso de los zunevs era parecido, aun cuando la extracción de órganos menores como los ojos también podría implicar la muerte.

Los zeneks habían sido encomendados para resguardar el Orden de este planeta. Y por eso no podían permitir la actitud rebelde de los zunevs. Estos últimos habían sido relegados a las Zonas Muertas del Mundo Interior, una amplia región desértica, carente de agua, que casi no tiene sectores planos donde construir ciudades. Además, allí viven los dragobops, unos dinosaurios extremadamente sanguinarios; por lo cual no es extrañar la muerte de un zunev a manos de uno de estos animales.

Sin duda, esta relegación estaba favoreciendo la huida de los zunevs al Mundo Exterior.

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Café “La mantis sagrada”, en New York. 

Christopher muestra a Jennifer unos dibujos de la infancia. Ella siente vértigo. Las líneas en el papel arrugado y amarillento grafican a seres de la misma estirpe que “Cuernos Muerto”.

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La reunión de las altas dignidades del Mundo Interior estaba tomando un color gris. Aun cuando los zeneks no eran seres especialmente apasionados, cuando se trataba de mantener el Orden no dudaban en expresar sus argumentos de manera directa y firme.

- Lo que yo temo es que exista una alianza entre los  Cultos Innominables y los zunevs. Ustedes comprenderán que esto puede acelerar las cosas, y así nuestros enemigos pueden incluso crear un imperio en el Mundo Exterior –habló Zarkofank, Príncipe del reino de Idilia.

- Es difícil… aunque no imposible.  Ciertamente, como dices esto aceleraría la crisis. Ello siempre que hubiera seguidores de los Cultos Innominables. Pienso que  hoy día están prácticamente desarmados. La gente en la superficie está dominada por la religión llamada racionalismo, y ni creencias en dioses, supercherías o lo que fuere distinto a la lógica comprobable, tiene asidero. Los humanos no siguen más que a sus estómagos, la moda o los músicos de esa infernal música llamada “rock” –contratacó Miles de Vurodia, uno de los representantes del Connubalis, especie de parlamento permanente.

Un anciano, de nombre Kurtt Varamor tomó la palabra.

- Hay que ser prudentes. Y ver todas las probabilidades. ¡Todas! Nuestros guerreros han matado a algunos zunevs que iban a hacer de las suyas en el Mundo Exterior. Pero, cada vez sabemos de más casos y tememos que no podamos controlar esta plaga. Hay referencias de invasiones a cabañas en el campo, pero también a algunos barrios de ciudades. Aun cuando actúan normalmente de noche, no dudamos que ya hayan sido vistos por varios humanos. Cuando los casos sean muchos más, los humanos a pesar de su normal estupidez dirán que no se trataba de locura lo que decían los primeros “contactados”, sino que un ataque. Y empezarán a indagar, y tal vez lleguen a saber de nuestro mundo. Entonces, estaremos aniquilados, pues su ambición es gigantesca. Querrán conocer y obtener nuestros secretos, nuestra energía, nuestros metales… y aun cuando pudiéramos destruirlos con la tecnología que tenemos, los humanos son tantos que nos librarían una guerra espantosa. Pero, aun cuando no llegásemos a tan extremas conclusiones, el simple hecho que sepan de la existencia de los zunevs ya es bastante y provocaría una alteración del Orden que nos acarreará nefastos resultados.
Se detuvo para tragar saliva y respirar con más calma. Luego, siguió.

- ¡Es el momento en que debemos detener el avance de los zunevs! Más tarde, podría ser fatal. Y, por cierto, no hay que descartar una posible alianza entre aquéllos y los seguidores de los Cultos Innominables. Nuestros informantes nos han indicado que La Logia de la  Serpiente Negra desde hace una década está intentado abrir un Portal, y es posible que a través de aquel estén llegando los zunevs al Mundo Externo.

El rostro del anciano se hizo melancólico y detuvo su discurso. Si uno pudiera leer su mente sabría que pensaba lo siguiente:

“La serpiente negra bifronte… el viejo símbolo. Siempre la lucha es contra ella y lo que encarna.”

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